Actualidad | Noticias | 10 MAY 2016

Guerra a la obsolescencia programada

La Fundación Energía e Innovación Sostenible sin Obsolescencia Programada (FENISS) ha pedido a los partidos políticos que incluyan en sus programas una ley contra este fenómeno. Francia contempla penas de hasta dos años de cárcel y multas de 300.000 euros para quienes fabriquen productos con una duración determinada.
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Mario Moreno

Según datos de la organización, se estima que en 2017 el volumen anual a escala mundial de los desechos generados por la basura electrónica alcanzará los 65, 4 millones de toneladas, “es decir, la obsolescencia programada se traduce en un abuso de recursos naturales, incrementos de CO2 y de residuos que es necesario frenar”, explica a ComputerWorld Benito Muros, presidente de FENISS (Fundación Energía e Innovación Sostenible sin Obsolescencia Programada).  La asociación se ha puesto en pie de guerra contra el fenómeno, y para estas elecciones, ha vuelto a pedir a los partidos políticos que incluyan en sus programas una ley que ampare a los usuarios frente a las empresas que realizan estas prácticas.

El objetivo es que se elabore un proyecto de ley similar al que aprobó Francia en 2015. Éste contempla penas de hasta dos años de cárcel y multas de 300.000 euros para quienes fabriquen productos con una duración determinada. La norma, llamada ‘Ley de Transición Energética’, ha sido pionera en castigar a las compañías que introduzcan defectos, debilidades, paradas programadas y obstáculos para la reparación de los productos que lanzan. “La creación de una ley es absolutamente justa, necesaria y factible. Solo se necesita voluntad política para llevarla a cabo”, expresa Muros.

La normativa francesa ha llamado la atención de la Unión Europea que ha aprobado un dictamen que exige la prohibición de la obsolescencia programada, y propone que las empresas faciliten la reparación. Además, ha ideado un sistema de etiquetado en el que el cliente compare el precio del producto en función de su duración. En este sentido, Muros asegura que “es preciso impulsar la creación de empleo vinculado a las organizaciones sociales dedicadas a la reparación, reutilización y reciclaje. Si desecháramos menos componentes electrónicos y reparáramos más se crearían miles de puestos de trabajo”.

En cualquier caso, lo planificación de  defectos para que la vida de la tecnología tenga un tiempo determinado no es la única forma de practicar obsolescencia programada. Las tecnológicas juegan con la innovación frenética. Nuevos software que necesitan de nuevos hardwares, nuevos productos en el mercado…  Ésta, por supuesto, no es ninguna práctica ilegal, pero en cierto modo obliga al usuario a mantenerse al día.

 

“La gran estafa del siglo”

Para la fundación, este modelo de fabricación incide directamente en el agotamiento de las materias primas, el aumento de las emisiones de CO2 y el endeudamiento de familias, empresas y hasta países. “La ciencia ha progresado enormemente, pero vez de utilizarse para conservar se usa para programar la destrucción”. La eliminación de la obsolescencia  programada es el camino hacia la sostenibilidad, la distribución de la riqueza y hacia una sociedad más justa y solidaria”, apunta. “Los políticos tienen que pensar en los consumidores y no tanto en las grandes empresas”.

Sin embargo, no parece fácil que las multinacionales se aparten de esta senda. Incluso, hasta los ciudadanos han podido llegar a interiorizar estas prácticas como normales. En un principio, parece que si se aprobase una ley de este tipo las compañías empezarían a ver como dejan de facturar grandes cantidades. Pero Muros piensa lo contrario, y cree que en lo único que les afectaría es en que “habría menos dividendos en sus accionistas y, probablemente menos dinero en los paraísos fiscales”.

En España, ya existen plataformas como Back Market, una web alternativa de compra venta de dispositivos reacondicionados y que surge como respuesta no solo ya de este tipo de prácticas, sino al mal reciclado de los ciudadanos, que provoca trastornos en el medioambiente y en la salud de las personas.

Por todas estas cuestiones, las palabras de Muros son directas armas arrojadizas hacia los gobernantes y los directivos de este tipo de compañías: “Para los usuarios, la obsolescencia programada significa que cada vez más la riqueza se acumula en menos personas en el mundo, que se agoten las materias primas, etc. En resumen, es la gran estafa de nuestro siglo”.

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